El poder de una intención

Hay días en los que hacemos las cosas por inercia. Nos levantamos, respondemos mensajes, trabajamos, cocinamos, hablamos con otras personas y terminamos la jornada sin habernos preguntado, ni una sola vez, cómo estamos. O qué necesitamos.

Gran parte de nuestro día funciona así, casi en automático. Por eso, a veces, algo tan sencillo como detenernos un momento y pensar en por qué hacemos algo o cómo queremos hacerlo puede cambiar bastante la forma de vivirlo. Ahí empieza una intención.

Una intención es una forma de recordarnos hacia dónde queremos ir.

No tiene tanto que ver con pedir un deseo y esperar que el universo haga el resto. Tiene más que ver con elegir conscientemente dónde queremos poner nuestra atención, nuestro tiempo o nuestra energía.

Puede ser algo importante, pero también algo muy pequeño. Cuidarnos un poco más. Escuchar de verdad cuando alguien nos habla. Tener más paciencia. Retomar ese proyecto que llevamos meses posponiendo. O reservarnos un rato sin sentir que deberíamos estar haciendo otra cosa.

Obviamente, poner una intención no significa que todo vaya a salir como queremos. Hay demasiadas cosas que no dependen de nosotros.

Pero sí hay una parte que podemos elegir: cómo queremos estar mientras sucede.

Y quizá ese sea el verdadero poder de una intención. Cuando tenemos claro qué queremos cuidar, poco a poco empezamos a tomar decisiones diferentes. A priorizar unas cosas sobre otras. A decir que no. A dedicar tiempo a lo que antes siempre dejábamos para después.

No ocurre de un día para otro y tampoco hace falta convertirlo en algo enorme.

En Artisona nos gustan especialmente los pequeños gestos.

Encender una vela. Respirar unos minutos. Escribir una palabra. Detenerse.

A veces, un pequeño gesto es suficiente para volver a nosotros.

Por sí solos son solo eso: gestos sencillos. Pero si los utilizamos para parar un momento y recordar qué queremos cuidar, pueden convertirse en algo más.

También en una pequeña forma de cuidarnos.

Porque muchas veces estamos pendientes de lo que necesitan los demás, de lo siguiente que tenemos que hacer o de todo lo que todavía nos falta, y se nos olvida preguntarnos algo bastante más sencillo:

¿Qué necesito hoy?

Quizá una intención pueda empezar simplemente por ahí. Por regalarnos unos minutos, escucharnos un poco más y decidir qué queremos cultivar en nuestra vida.

Y después, intentar acordarnos de ello mañana.

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